Es tanto el afan por vivir que olvidamos pequeños tesoros,
los abandonamos en la profundidad de un suspiro...
Recuerdo el día que lo vi, no sé dónde,
pero reconocí sus ojos, me supe enamorada y sólo podía ser él;
¿Quién más con esa magia?
¿Quién más con ese castigo en los ojos?
¿Quién más con esa jaula para mis palabras?
Sólo fueron segundos, sus ojos verdes brillantes...
pero había en ellos algo que ahora entiendo, tristeza,
sí, él podrá hacer de su vida un papagallo,
pero no es lo que quisiera, quizás sea un excelente amante, quizás disfrute del sexo más que yo, pero feliz,
lo que se dice feliz; no es.
Él sabe que mis corazón late en su misma frecuencia,
él sabe que el mundo para los dos gira a la misma velocidad,
sabe que está en nuestros destinos amanecer en la misma cama,
teme por eso, no quiere ser mi esclavo, yo no quiero ser su ama.
Estamos unidos por un lazo que jamás buscamos,
uno en el que nunca quisimos enredarnos,
somos uno de esos nudos que nadie se atreve a desanudar,
uno de esos que entre más desenredan más compacto resulta,
esta entrada sólo tiene su nombre,
ese nombre que él no comparte con muchos,
ese con el que hice un anagrama,
mi cer azucarado, hermoso mío,
oscuridad mía, maldición bendita.
Tú.