Cerré los ojos esperando que al verme dormida
por fin
decidiera besarme, no sé qué tanto tiempo pudo pasar,
tal vez
una hora... Sentí su aliento en mi rostro, pensé que el aumento repentino de mi
pulso me delataría...
Besó mi frente, pasó el dorso
tibio de su mano por mis mejillas, recorrió con la yema de sus dedos mis
labios, con exquisita sutileza; quise abrir los ojos, tomarlo de las manos y
confensarle que lo amaba, que la única razón para estar ahí,junto a él y no en
una bulliciosa rumba capitalina esa noche, era que con él veía más luces,
soñaba más, respiraba mejor; que con él me sentía viva de verdad.
Quise mirarlo a los ojos,
taparle la boca con una de mis manos para que no me interrumpiera cuando
despacio le repitiera:
"TE AMO" "TE
AMO".
Quise...
Sus tiernos labios se posaron
sobre los míos, un beso mudo, perfecto...
[Toda mi vida cambió, seguiría
siendo la misma, con los mismos vicios, en la mañana él me miraría igual, pero
yo sabría que mi dulce, sano y pudoroso sentimiento era mágicamente y
clandestinamente correspondido]
Quise paralizar cada uno de mis
músculos para que no lo alarmaran mis movimientos, para que el beso durara
mucho más, fui incapaz, separó sus labios de los míos, sentí que me miraba con
atención, para cerciorarse de que seguía dormida, me cubrió con la cobija hasta
los hombros, se arropó también.
Deslicé muy despacio mis manos
sobre la cama, tomaría su brazo y me aferraría a él toda la noche, eternamente;
de una forma casual, ahí estaba su calor, escuchaba el palpitar pausado de su
corazón, me estiré tanto como pude, ni su cuerpo ni su brazo hallé...
Con el
tácito y sublime recuerdo me desperté.
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