jueves, 21 de marzo de 2013

Mi amigo

Le necesitaba, sabía que vendría tan pronto como le fuera posible, siempre lo hizo, siempre estuvo ahí, en las buenas, en las malas y en las peores; al fin y al cabo eso es lo que hace un amigo... Yo también había estado a su lado siempre, cada vez que hizo falta.

Los minutos pasaron y con ellos se fueron mis lágrimas, debí haber leído algo gracioso porque de repente me sorprendí riendo.

Cuando él llegó mi tristeza ya había partido; le conté mis pesares, escuché su rutina, tomamos café, escuchamos música y nos quedamos sin qué decir...

El silencio nunca supuso un riesgo ni una incomodidad para mí, pero podía escuchar su alebrestado corazón, mis oídos no mentían, miles de sinapsis se contradecían en su masa encefálica, casi que tañían...

Por un pequeñísimo instante nuestras miradas se cruzaron y por esa ventana que daba a su corazón lo encontré perdido...

Resulta fácil llamar a un amigo cuando lo necesitamos pero no sabemos decirle que es hora de marcharse.
Sin escrúpulos le dije que quería estar sola, no permitiría que arruinara esa preciosa joya que es la amistad con un « Te amo » que jamás sería correspondido.