lunes, 9 de septiembre de 2013

El día que olvidé su mirada

Él, su voz calmada, sus labios gruesos, sus manos grandes.
Él, su cabello espeso, su espalda ancha, su olor penetrante.
Él, sus besos húmedos, sus dientes largos, sus ideas vagas.
Hablaba de Él todo el tiempo, lo describía con detalles, era mi objeto del deseo, mi punto de partida, mi premio, mi lugar de llegada.
Era eso y más; Antes.
Antes, cuando me preguntaban por Él lo sabía todo, antes, cuando hablaba de Él, sentía respirar su mismo aire.
Tal vez lo que fue ya fue, tal vez hoy no se trata de Él, tal vez hoy sólo es el día que olvidé su mirada.

jueves, 21 de marzo de 2013

Mi amigo

Le necesitaba, sabía que vendría tan pronto como le fuera posible, siempre lo hizo, siempre estuvo ahí, en las buenas, en las malas y en las peores; al fin y al cabo eso es lo que hace un amigo... Yo también había estado a su lado siempre, cada vez que hizo falta.

Los minutos pasaron y con ellos se fueron mis lágrimas, debí haber leído algo gracioso porque de repente me sorprendí riendo.

Cuando él llegó mi tristeza ya había partido; le conté mis pesares, escuché su rutina, tomamos café, escuchamos música y nos quedamos sin qué decir...

El silencio nunca supuso un riesgo ni una incomodidad para mí, pero podía escuchar su alebrestado corazón, mis oídos no mentían, miles de sinapsis se contradecían en su masa encefálica, casi que tañían...

Por un pequeñísimo instante nuestras miradas se cruzaron y por esa ventana que daba a su corazón lo encontré perdido...

Resulta fácil llamar a un amigo cuando lo necesitamos pero no sabemos decirle que es hora de marcharse.
Sin escrúpulos le dije que quería estar sola, no permitiría que arruinara esa preciosa joya que es la amistad con un « Te amo » que jamás sería correspondido.